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12 de febrero de 2018

La falsa teoría de que el desmonte es progreso



IMPACTOS ECONÓMICOS, SOCIALES Y AMBIENTALES DEL AVANCE DE LA FRONTERA AGROPECUARIA

Existe una falsa teoría, muy difundida entre grandes productores agropecuarios, dirigentes políticos y promotores del actual modelo agroexportador, de que desmonte es equivalente a progreso. O, dicho de otra forma: que es necesario sacrificar nuestros bosques para aumentar el bienestar de la población.

Por Hernán L. Giardini

Lo primero que debemos advertir es que, a causa de este modelo de desarrollo, Argentina se encuentra en emergencia forestal. En las últimas tres décadas se perdieron 8 millones de hectáreas de bosques nativos (el tamaño de Escocia o de la provincia de Entre Ríos). Esto nos coloca entre los diez países que más destruyen sus bosques en todo el mundo.

El 80% de los desmontes se concentra en cuatro provincias del norte: Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa. Cabe señalar que, tras 30 años de deforestación descontrolada, esas provincias siguen estando entre las que tienen más pobres (entre el 40% y 50% de su población) y, para peor, ahora con muchos menos bosques. Un reciente informe de Naciones Unidas ubicó a esas mismas cuatro provincias como las peores de un ranking que mide tres variables fundamentales para el desarrollo sostenible: crecimiento económico, inclusión social y sostenibilidad ambiental.

La principal razón de la deforestación es el avance de la frontera agropecuaria, cuya producción (soja y ganadería intensiva) tiene como principal destino la exportación y no el consumo local. Hay que decirlo claramente: en gran medida destruyen nuestros bosques para alimentar a pollos y cerdos de China y Europa; o para que un alemán disfrute de un jugoso bife supuestamente producido "en las pampas".

Los desmontes son realizados por grandes productores agropecuarios que en su mayoría no son de la región chaqueña, sino que provienen principalmente de la región pampeana (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe) y en algunos casos del exterior. En lugar de adaptarse a las limitantes y las posibilidades que les brinda el ecosistema, deciden transformarlo, destruyéndolo. Esta "pampeanización del Chaco" se viene produciendo fundamentalmente porque el precio de una hectárea en el norte oscila entre los 300 y 500 dólares (con bosques), mientras que en la zona pampeana su valor ronda entre los 10 mil y 15 mil dólares.

La deforestación impacta directamente sobre las familias indígenas y campesinas que históricamente habitan y utilizan esos bosques pero que, por desidia del Estado, no han obtenido su titularización; y que, tras el paso implacable de las topadoras, pierden su forma de vida y sustento, caen en la pobreza extrema y ello provoca que deban emigrar a la periferia de las grandes ciudades. Son cada vez más los casos en los cuales los conflictos de tierras terminan con campesinos e indígenas asesinados, donde es frecuente el accionar de guardias armadas bajo la orden de los empresarios.

Por otra parte, la producción de soja transgénica no genera mucho empleo (una persona cada 200 hectáreas) y trae consigo la constante fumigación con agrotóxicos que impactan fuertemente sobre la flora y la fauna; sobre ríos, arroyos y lagunas (claves para la supervivencia en la región chaqueña); y sobre la salud de los pobladores. Resulta evidente que los beneficiarios de los desmontes son los grandes productores agropecuarios y el Estado nacional, mediante los impuestos. ¿Cuánto llega de esas ganancias para la gente de la región chaqueña? ¿Y al resto de los habitantes de las provincias? Muy poco. Y a un costo social y ambiental enorme.

Finalmente debemos recordar que los bosques y las selvas concentran más de la mitad de la biodiversidad terrestre y juegan un papel fundamental en la regulación climática (cerca del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la deforestación). Nos brindan bienes indispensables como alimentos, maderas y medicinas; y son claves en la conservación de los suelos y en el mantenimiento de las fuentes y los caudales de agua. Son nuestra esponja y paraguas protector natural. Un reciente estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria reveló que una hectárea con bosque chaqueño absorbe en una hora 300 milímetros de agua, mientras que una con pasturas, 100 milímetros, y una con soja, tan solo 30 milímetros. Menos bosques es sinónimo de más inundaciones. Cada verano miles de personas lo sufren.

Destruir bosques no es progreso, es un crimen.

Cuando disparan contra mapuches apuntan contra todas las vidas



LA AMENAZA EXTRACTIVISTA SOBRE LA PATAGONIA 

Siempre se intuyó pero comienza a estar clarísimo: la ofensiva que sostiene el macrismo contra el pueblo mapuche se relaciona íntimamente con una profundización del extractivismo. El caso de la represa La Elena y la comunidad Pillan Mawiza. 

Por Adrián Moyano 

Como los otros espacios que proliferan en el territorio mapuche, la mawizaalberga vida. No sólo a los bosques que se despliegan sobre sus laderas, a los animales salvajes que encuentran refugio en sus penumbras o a los humanos que se asientan en los estrechos llanos… En la mawiza habitan los ngen y newen que resguardan su integridad territorial 1. Para la manera mapuche de entender su mundo, un ecosistema es “un conjunto de vidas” pero incluye tanto a las tangibles como a las intangibles. Mawiza se suele traducir como montaña pero esa versión será correcta si la elevación presenta bosque o monte. Desde ya, nativos… En cambio, la voz wingkul se utiliza para designar a los cerros menos elevados pero carentes de vegetación sustantiva o frondosa 2. Entonces, en la cordillera neuquina, rionegrina o chubutense, será más propio hablar de mawiza que de wingkul ante la presencia de infinidad de cipreses, coihues, alerces, ñires, lengas y demás. Apenas llegaron al territorio mapuche ancestral, los sacerdotes europeos construyeron confusiones alrededor del vocablo pillan. Lisa y llanamente, equipararon el concepto al de Diablo o Demonio, quizá porque advirtieron que en las ceremonias mapuches abundaban las referencias al pillan. Problema suyo, claro: en la espiritualidad mapuche no existen figuras similares al Dios o Diablo de los cristianos… Más bien, pillan es el newen o energía del volcán. En Puelmapu “se mantiene una relación muy estrecha con el Pillan así como con el elemento simbólico relacionado a él: el fuego llamado Pillan kütral. Así, la anciana que conduce la ceremonia representa al newen del volcán” 3. La comunidad Pillan Mawiza queda a ocho kilómetros de Corcovado, en el extremo occidental de la provincia de Chubut. Su espacio territorial se extiende por algo más de 100 hectáreas y es consecuencia de una recuperación que principió 18 años atrás, cuando Mauricio Macri todavía se preocupaba más por los destinos de Boca Juniors que por la presidencia de la Argentina. Como por entonces los grandes medios de Buenos Aires no recibían instrucciones para operar en desmedro del pueblo mapuche, la acción sólo irritó al poder político de la provincia e inquietó a algunos vecinos poderosos, entre ellos, la estancia que pertenece al grupo Pérez Companc. Por el territorio recuperado transcurre un tramo del río Corcovado o Carrenleufú: bello, poderoso, ruidoso, cautivante… En partes de su recorrido sinuoso, se convierte en traytrayko, es decir, predomina el “sonido fuerte” que produce el agua “al avanzar y golpear las rocas de su lecho” 4. Para los mapuche, un inmenso newen. Para los operadores turísticos de Esquel, una gran chance de comercializar excursiones de rafting. Para los aficionados a la pesca, el atractivo de hacerse con algún salmón del Pacífico. Para la lógica del extractivismo, un inmejorable generador de energía hidroeléctrica. 

Usos ancestrales. En los relatos más difundidos, el área de Corcovado ingresó a la historia cuando en 1885 llegaron hasta los valles cordilleranos cercanos los rifleros galeses que seguían las órdenes del coronel Jorge Fontana. Aquel escuadrón paramilitar tomó posesión en nombre de la Argentina de un espacio que mapuches, gününa küna y aonik enk conocían como la palma de su mano y utilizaban con lógicas propias. El inglés George Musters llamó a estos parajes “El país del ganado salvaje” cuando tuvo la oportunidad de internarse en sus honduras, al integrar una partida que orientaba el jefe aonik enk Orkeke. Con el afán de hacerse de carne vacuna, los jinetes se pusieron en marcha el 23 de noviembre de 1869. “Al día siguiente al amanecer se tomaron y ensillaron los caballos; y después de recibir los votos de felicidad de las mujeres, que nos rogaron encarecidamente que trajéramos carne gorda de vaca, partimos justamente cuando asomaba el sol detrás de las colinas del este”, anotó el marino 5. Raúl Rey Balmaceda, geógrafo que comentó la edición que consultamos, ubicó la trayectoria que realizaran los cazadores “por un valle situado a la misma latitud que la de Palena”, es decir, la localidad chilena que se levanta apenas del otro lado del límite entre la Argentina y Chile, después de la población argentina de Carrenleufú. La presencia de ganado salvaje en esos confines provocaba la afluencia periódica no sólo de los aonik enk sino también de los günuna küna. El propio Musters escribió que semanas antes de su expedición, había pasado por el mismo sitio la gente de Hinchel, autoridad gününa küna que mantenía vínculos familiares con los mapuche. Por su parte, Francisco Moreno comprobaría que idéntica práctica desarrollaban los kona de Inakayal y Foyel, no sólo para satisfacer apetitos sino también para engrosar sus respectivos arreos, ya que a diferencia de los compañeros de andanzas de Musters, entre los grupos mapuche que residían en la antigua Gobernación Indígena de Las Manzanas la faceta ganadera era de importancia. Que grupos mapuche, aonik enk y gününa küna concretaran expediciones hacia el valle del río Palena demuestra una vez más que las concepciones territoriales de los pueblos indígenas nada tenían que ver con las estatales del presente, ya que compartían el uso de ese territorio sin mayores conflictos. Por otro lado, que los aonik enk y gününa küna cruzaran sin problemas la divisoria de aguas pone en aprietos la ridícula idea de adjudicarles argentinidad, ya que está claro que tenían por costumbre desplazarse por la jurisdicción chilena de hoy. Además, los mapuches que hacían otro tanto provenían desde el este y no de la Araucanía, para seguro embrollo del andamiaje mediático que procura colgarles chilenidad. Según Rey Balmaceda, la frustrada partida de caza –no logró su cometido- se adentró 25 kilómetros más allá del límite entre ambos países, es decir, decidió retornar cuando estaba a 130 kilómetros del Pacífico. Recién en 1894 una expedición chilena reconoció el valle del río Palena y como queda de manifiesto al leer el diario de Musters, la región estaba vacía también de presencia argentina. Pero hasta un corral hecho con troncos de ciprés habían levantado los vaqueros de los tres pueblos preexistentes. 

Once mil hectáreas bajo el agua. Es de noche y hay ambiente festivo en la comunidad Pillan Mawiza. Al día siguiente se celebrará un mafün o casamiento mapuche, entonces la gente que se apiña alrededor de los dos fogones es más de la que reside habitualmente. A una distancia prudencial del humo, Mauro Millán enhebra relatos en los que habitan el witranalwe o el Anchimallen, dos de las manifestaciones que pueden adoptar los newen de determinados lugares si no se respetan algunas reglas. Es cuestión de aprender a convivir con ellas. “Acá hay de todo”, nos dice. “En esa ventana se paró un chonchón”, señala. “Pero venía a espiar nomás, venía a saber… Yo le hablé en mapuzungun, le expliqué qué estaba haciendo, se quedó un rato y se fue”, remata. No son las dimensiones que para la cultura dominante serían esotéricas las que preocupan a los integrantes de Pillan Mawiza. Como las comunidades de Neuquén que sufren explotaciones petroleras, aquí también entendieron rápidamente a qué obedecía y obedece el ensañamiento que el gobierno nacional, los provinciales, el Poder Judicial y las fuerzas de seguridad desataron hace más de un año hacia el pueblo mapuche. A comienzos de enero, deliberó un trawün en el “territorio recuperado” para poner en común y articular la resistencia “a partir del resurgimiento del proyecto hidroeléctrico La Elena sobre el río Corcovado-Carrenleufú”, según puede leerse en el pronunciamiento que se dio a conocer su término.El texto tomó la información que los medios regionales se encargaron de difundir cuando todavía (algo menos de) medio país estaba en vilo ante la desaparición de Santiago Maldonado. “El proyecto amenaza con inundar 11.000 hectáreas de bosque nativo generosísimo que alberga una gran diversidad de flora y fauna donde además de esta lof habitan y se sustentan varias otras familias. Las únicas orillas desalambradas de acceso libre al río son los que protege la Lof Pillán Mahuiza en el territorio recuperado hace ya 18 años. La Lof Pillán Mahuiza, decidida a defender la vida del territorio y el resguardo del río, realiza este trawün”.

Vidas posibles. La ofensiva estatal también hizo mella entre los miembros de la comunidad. “En la primavera de 2017, Moira Millán, integrante de la lof, recibió amenazas de muerte y un mensaje mafioso en la forma de una zorra torturada y muerta que apareció en la puerta de su casa. Por último –decía el pronunciamiento a comienzos de enero- el informe delirante y peligroso que acaba de presentar el Ministerio de Seguridad de la Nación, señalándola a Moira Millán como vocera de una supuesta organización llamada Resistencia Ancestral Mapuche”. Casi dos décadas atrás, Moira fue quien impulsó la recuperación del territorio que abriga al río Corcovado – Carrenleufú. No sólo no integra la RAM, además supo cuestionar públicamente su accionar. Pero la confusión no es inocente: “es indicador del nuevo discurso que tiñe al mapuche como terrorista o enemigo interno y sirve como justificación para la aplicación de políticas represivas selectivas. Estas políticas pretenden frenar la resistencia activa contra el extractivismo y los latifundios en la Patagonia, que en la alianza estratégica entre la nación mapuche y la sociedad no mapuche ha logrado importantes victorias en esas luchas. Esto demuestra que el consenso a favor de la vida entre los pueblos es posible”. Además de los anfitriones, participaron de aquel trawün otras tres comunidades mapuches, junto a organizaciones ecologistas. Más o menos al mismo tiempo que en Pillan Mawiza se desarrollaba el mafün, comenzaba a deliberar en Costa del Lepá la 18° Unión de Asambleas Patagónicas (UAP), la que en su pronunciamiento final advirtió sobre los riesgos que entrañan el proyecto La Elena y otros similares: “la posibilidad de alterar el nivel de agua tiene consecuencias ecológicas imprevisibles en todo el ecosistema lacustre y glaciar”. Además, destacó que “estas represas pretenden ser construidas para alimentar energéticamente la explotación minera”. Para los mapuches, un ecosistema es “un conjunto de vidas” que incluye las intangibles. De prosperar la represa, no sólo terminará con miles de árboles nativos, con el hábitat de animales y con el río. También sesgará la existencia de las mawiza y de los pillan, de sus ngen y de infinidad de newen. En la comunidad Pillan Mawiza saben a qué propósitos obedece la arremetida que llega desde Buenos Aires y ya tomaron su decisión. El chonchón ya está al tanto. “Se quedó un rato y se fue”. 

Notas:


1 Caniullan Coliñir, Víctor y Mellico Avendaño, Fresia: “Mapuche Lawentuwün. Formas de medicina mapuche”. En Becerra Parra, Rodrigo y Llanquinao Llanquinao, Gabriel (editores): “Mapun kimün. Relaciones mapunche entre persona, tiempo y espacio”. Ocholibros. 2017. Santiago.

2 Bravo Valderrama, Yvo y otros: “Acercamiento la conceptualización mapuche del paisaje. Algunas categorías relacionadas con la vegetación y con el agua”. En Becerra Parra y Llanquinao Llanquinao…

3 Comisión de Trabajo Autónomo Mapuche (COTAM): “Pu mapunche ñi gijañmawün. Estudio sobre la religión mapunche en Gulu y Piel Mapu”. 2003. Temuco.

4 Ídem nota 2.

5 Musters, George Chaworth: “Vida entre los patagones. Un año de excursiones por tierras no frecuentadas desde el Estrecho de Magallanes hasta el Río Negro”. Ediciones Solar. 1964. Buenos Aires. 

https://www.enestosdias.com.ar


7 de enero de 2018

Macri pisa el acelerador

AJUSTES, TARIFAZOS Y ENDEUDAMIENTO: LA RECETA NEOLIBERAL  COMPLETA   

Con sus políticas de ajustes, alto endeudamiento y suba permanente y desproporcionada de tarifas, el gobierno se está cavando su propia fosa. Logró superar el conflictivo diciembre, pero cuando avance un poco más el verano no tardarán en aparecer distintos conflictos. Habrá que ver qué capacidad emplea para gestionarlos. Por ahora disfruta de cierto grado de confianza y apoyo que es más producto del rechazo al kirchnerismo antes que de méritos propios. 

Por Marcelo R. Pereyra 

REFORMAS QUE AJUSTAN. En lo que hace al manejo de la economía, entre fines de 2017 y comienzos de 2018, el gobierno de Cambiemos decidió jugar, casi de una vez, todas las cartas que tenía guardadas. Algunos economistas afirman que las “reformas” previsional, fiscal y laboral son el plan “B” de una administración que no recibió todas las inversiones que esperaba recibir; inversiones que al parecer serían la panacea universal para todos nuestros problemas, desajustes e inequidades sociales. Pero no, los inversores extranjeros son señores muy malos que decidieron no invertir en Argentina vaya uno a saber por qué. La verdad es muy distinta: nunca hubo plan “A” y en consecuencia tampoco hay plan “B”. El que viene desarrollando Macri desde su asunción hace dos años es el único plan. Solamente que ahora ha decidido acelerar su aplicación respaldado por el favorable resultado electoral de octubre. Este plan nunca contempló un aluvión de inversiones productivas. Todo lo contrario, siempre apostó a las inversiones especulativas en la Bolsa. Según del diario especializado Ámbito Financiero, 2017 “fue un año de altas rentabilidades donde aquellos que apostaron a la Bolsa pudieron ganar más de 500%. Así el Merval se erigió como uno de los mercados más rentables del mundo, al lograr una suba del 77,7% anual en pesos y un avance del 60% en dólares” (2-1-2018). El sector empresario que más utilidades rindió fue precisamente el financiero, impulsado –según Ámbito- por “el crecimiento de la economía, la recuperación de los préstamos al consumo y el boom de préstamos hipotecarios, que impulsaron los ingresos de las entidades financieras”. De este modo, ¿quién va a invertir en ladrillos, en máquinas o en instalaciones si es mucho más lucrativo apostar a la Bolsa? Ámbito lo reconoce: “Las acciones fueron así nuevamente las mejores inversiones del año, de la mano de un repunte en la economía, y gracias a la contundente victoria electoral del oficialismo en las elecciones legislativas de medio mandato, lo que le dio respaldo para avanzar con reformas estructurales que esperaban los mercados” (2-1-2018). Las “reformas estructurales”, que ansiaban esas entidades fantasmáticas que son “los mercados”, no son otra cosa que las “reformas” previsional y laboral que apuntan a sacar de los bolsillos de los trabajadores activos y pasivos el dinero necesario para cumplir con los pagos de la deuda eterna, financiar maniobras especulativas de grandes empresas y aumentar las utilidades del sector agropecuario reduciéndole las retenciones a las exportaciones. En el aspecto fiscal,  la “reforma” –palabrita que suena mejor que ajuste- es un clásico, por no decir figurita repetida, de la receta neoliberal: el Estado debe ser pequeño y dejar que los “mercados” manejen la economía sin injerencias molestas, como controles y regulaciones. El ministro de Economía de la última dictadura cívico-militar-eclesial, José Martínez de Hoz, acuñó un eslogan que fue el leitmotiv de su gestión: “Hay que achicar al Estado para agrandar la Nación”. Achicar es otro eufemismo que viene a significar que el Estado debe ser debilitado para que no tenga capacidad de arbitraje en los conflictos entre empresas y entre empresas y trabajadores, y para que las empresas que administra –yacimientos de petróleo, carbón y otros minerales, aerolíneas de bandera y ferrocarriles, servicios públicos, etc.- no interfieran en los negocios de los privados. La idea era abrir las importaciones manteniendo barato al dólar y apostar todos los porotos a las explotaciones agropecuarias para volver a ser “el granero del mundo”. La industria nacional fue condenada a desaparecer: se le restó toda importancia estratégica pues al país le daba lo mismo “producir acero que caramelos”, según declaró el entonces secretario de Comercio, Alejandro Estrada. El resultado de aquella política fue una ola de privatizaciones, despidos, quiebras y otras calamidades por el estilo. 

NADA SE PIERDE, NADA SE GANA.TODO SE TRANSFORMA. El parecido de aquel escenario con el de la actualidad no es casualidad: todos los gobiernos que vinieron después, con algunas salvedades, hicieron más o menos lo mismo. Esta continuidad de la receta neoliberal tiene nombres propios que aparecen en gobiernos de distinto cuño: en primer lugar, su alma mater, su gurú, el doctorado por Harvard Domingo Cavallo. Como se recordará, el Mingo -quien acaba de elogiar las “reformas” del macrismo- fue presidente del Banco Central durante la dictadura y ministro de Economía del peronista Carlos Menem y del radical Fernando de la Rúa, además de ser estrecho asesor económico de Néstor Kirchner: Cristina Fernández llegó a decir que "Cavallo es el cuadro más lúcido que ha tenido el gran capital" (https://www.youtube.com/watch?v=TL9s4aFRsT0). Martín Redrado, otro economista “ortodoxo”, con estudios de posgrado en Harvard, fue presidente de la Comisión Nacional de Valores con Menem, secretario de Comercio y Relaciones Económicas Internacionales con Eduardo Duhalde y mandamás del Banco Central bajo las presidencias de Kirchner y Cristina Fernández. Por último, un tercer economista del palo neoliberal, Alfonso Prat-Gay -egresado de la Universidad Católica Argentina, con posgrados en EEUU y ex directivo de la “financiera” JP Morgan- fue presidente del Banco Central durante las presidencias de Duhalde y de Kirchner,  y en 2015 fue designado por Macri como ministro de Hacienda y Finanzas Públicas de la Nación. Tres ejemplos de muchachos todoterreno, de similar formación académica, experiencia en práctica privada y pensamiento económico, dispuestos a servir al capital desde el lugar de la trinchera que les toque ocupar, no importa quién sea el general que los designe. 

FALSAS PROMESAS. Volvamos a la actualidad y al sonsonete del ajuste fiscal. El 29-12-17 Ámbito publicó que el FMI (quién si no) “pidió a la Argentina acelerar el ritmo del ajuste fiscal ya que reduciría las vulnerabilidades externas, crearía credibilidad y ayudaría a anclar las expectativas de inflación”. El mensaje es claro: si gastan menos habrá inversiones.  Sin embargo es un mensaje mentiroso y una falsa promesa; una zanahoria que el FMI pone delante de los gobiernos para asegurarse que reduzcan su gasto. Pero ¿dónde deben reducirlo? Ámbito contesta: “la reducción del gasto público es esencial, especialmente en las áreas donde el gasto ha aumentado muy rápidamente en los últimos años, especialmente los salarios, las pensiones y las transferencias sociales”. Es decir, aprieten a los trabajadores activos y pasivos y a los sectores más vulnerables. De los que más tienen, ni una sola palabra. Otro mandamiento del sacrosanto dogma neoliberal es la privatización de las empresas públicas bajo el argumento de que en manos del Estado son deficitarias y que al ponerlas bajo la administración de empresas privadas mejora significativamente su gestión. Hasta los años ’80 del siglo pasado, es decir, hasta la reconversión del capitalismo como neoliberalismo, la electricidad, el gas y el agua eran producidas y distribuidas a través de compañías semipúblicas. Lo mismo sucedía con el transporte por ferrocarril. Cobraban sus servicios a un precio que permitía mantenerlos y mejorarlos, pero si producir grandes beneficios. No tenían accionistas a los que responder y eran controladas por las administraciones públicas. Al ponerlas bajo gestión privada, las empresas que brindaban estos servicios vitales para toda la población debían producir beneficios, lo cual es casi un oxímoron. Desde entonces, por falta de inversiones y mantenimiento, los usuarios sufren cortes de luz, carencias de agua, gas y cloacas, y deben viajar, amontonados como reses que van al matadero, en trenes  peligrosamente obsoletos. De esta manera, las empresas que manejan servicios públicos se ven altamente beneficiadas por un Estado que no las controla y que les concede generosos aumentos en sus tarifas. Y la yapa es que estos aumentos les permiten acumular unas ganancias que rebotan favorablemente en el juego de la Bolsa de Valores. Ámbito Financiero, en su nota del 2-1-2018, explicó que gracias al aumento de tarifas que recibieron en 2016 y 2017 las acciones ligadas al sector gasífero y eléctrico fueron las que mejor rendimiento lograron. 

ESTA PELÍCULA YA LA VI. Con sus políticas de ajustes, alto endeudamiento y suba permanente y desproporcionada de tarifas, el gobierno se está cavando su propia fosa. Logró superar el conflictivo diciembre, pero cuando avance un poco más el verano no tardarán en aparecer distintos conflictos. Habrá que ver qué capacidad emplea para gestionarlos. Por ahora disfruta de cierto grado de confianza y apoyo que es más producto del rechazo al kirchnerismo antes que de méritos propios. Los jueces federales deberán trabajar mucho para seguir procesando a sindicalistas mafiosos y a funcionarios del gobierno anterior a fin de atenuar, un poco al menos, el mal humor social que está por venir. Mauricio Macri seguirá haciendo los deberes con el FMI, pero ello lo llevará a protagonizar una película que ya vimos varias veces y que siempre termina mal.