6 de noviembre de 2017

Crónica de una derrota anunciada



CHILE: SEBASTIÁN PIÑERA SERÁ –POR SEGUNDA VEZ- EL SUCESOR DE MICHELLE BACHELET  

La abstención es solo el telón de fondo de una crisis institucional, política y social que viene desarrollándose desde los 90. Es resultado de la cobardía de la coalición política gobernante que frustró las esperanzas de un profundo cambio democrático con justicia social después del terrorismo de Estado. Sin embargo, lo que vino fue un fraude que mantuvo en pie lo esencial del modelo que montó la tiranía, incluyendo su Constitución, sus leyes e instituciones.

Por Revista Punto Final (desde Chile)

Sebastián Piñera debe agradecer a la Nueva Mayoría que ha hecho todo lo posible por entregarle el mando de la nación. La coalición de gobierno ha pavimentado el retorno a La Moneda del más prominente político surgido de las filas del empresariado desde los tiempos del presidente Jorge Alessandri (1958-1964). De estilos muy diferentes: aquel representante de la burguesía industrial, presidente de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones, ex ministro y parlamentario. Y este, expresión audaz de la burguesía financiera que gracias a la dictadura militar ha acumulado las más grandes fortunas de nuestra historia. Aquel, independiente, parco en palabras, hizo de la sobriedad un culto. Este, financista de la nueva derecha, locuaz hasta los codos, hiperkinético.

Ambos representan distintas épocas del capitalismo en Chile. El primero, una de relativo equilibrio de fuerzas en la lucha de clases. Para quebrar el desafío popular no vaciló en cometer masacres como la de la Población José María Caro (1962). El segundo, representa una época de imperio absoluto del capitalismo y reducida confrontación social, salvo la “revolución de los pingüinos” (2011) cuya fuerza inicial le hizo creer que era el preludio de una insurrección popular.

Todo parece indicar que Sebastián Piñera será -por segunda vez- el sucesor de Michelle Bachelet. Hasta puede ganar en primera vuelta debido al nivel de desafección ciudadana con la política y los políticos. La derecha pos dictadura mantiene un sólido capital de votos algo superior al 40%. Solo dos candidatos de la Concertación, Patricio Aylwin (1989) y Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1993), lograron pasar la vara de la mayoría absoluta. Ricardo Lagos (2000) y Michelle Bachelet (2006 y 2014) llegaron acezando a la segunda vuelta con apoyo de la Izquierda. Bachelet ganó por segunda vez en 2014 -ahora con apoyo oficial del PC- pero solo votó el 41% del electorado. En las municipales de 2012 ya se había registrado 60% de abstención que dejó atónita a la casta política.

No hay indicios que la abstención vaya a dar tregua el próximo 19 de noviembre. Esto favorece la opción de Piñera. El núcleo duro del electorado de derecha se encuentra en las comunas de altos ingresos. La abstención es mayor en las comunas pobres. En 2010 Piñera obtuvo en segunda vuelta 51,61%, derrotando a Frei Ruiz-Tagle (48,39%). La abstención solo fue del 12,32%, porque el voto era obligatorio.

La abstención es solo el telón de fondo de una crisis institucional, política y social que viene desarrollándose desde los 90. Es resultado de la cobardía de la coalición política gobernante que frustró las esperanzas de un profundo cambio democrático con justicia social después del terrorismo de Estado. Sin embargo, lo que vino fue un fraude que mantuvo en pie lo esencial del modelo que montó la tiranía, incluyendo su Constitución, sus leyes e instituciones.

La alegría prometida no llegó y menos aún el cambio social. La democracia representativa, el Estado de derecho y el respeto a los derechos humanos configuran sin duda una situación muy diferente a la dictadura que Chile vivió durante 17 años. Se trata, sin embargo, de conquistas que se requiere profundizar y ampliar al plano de la economía, los derechos sociales y la cultura. La democracia volvió a Chile pero solo “en la medida de lo posible”. La falta de convicciones democráticas de los gobernantes -de todo el escalafón institucional- puso en marcha lenta -y finalmente paralizó- una transición que debía conducir a Chile a una fase superior de la democracia y la justicia social.

El estancamiento de la transición -que debía partir con la convocatoria a una Asamblea Constituyente- hizo aumentar el proceso de putrefacción de las instituciones heredadas de la dictadura. La corrupción es ahora una gangrena que ha escalado a los más altos niveles de la administración civil y de las fuerzas armadas y policiales. Aparecen evidencias de complicidad del narcotráfico con autoridades y partidos políticos. Como corolario está el inmutable ventajismo y poder del empresariado nacional y extranjero, cuyas ganancias se han multiplicado en la pos dictadura mientras la mayoría de los trabajadores y jubilados recibe ingresos de miseria y mueren en listas de espera de los hospitales.

La casta política está como ausente de la ira que está fermentando en la base social. La llamada “centroizquierda” no ha hecho nada por diferenciarse de la “centroderecha”. Ambos bloques son dos caras de una misma moneda. Las reformas del último periodo (educacional y laboral) no cuentan con el apoyo ni de sus presuntos beneficiados. De allí la apatía y desinterés con que se llega a las elecciones de noviembre.

Asimismo es necesario reconocer que la desaparición de una Izquierda anti oligárquica y latinoamericanista ha permitido que la crisis se prolongue más de la cuenta. Reconstruir la Izquierda es el deber de nuevas generaciones que se planteen remover las carcomidas estructuras que subsisten por ausencia de una alternativa popular.

5 de octubre de 2017

La guerra de Macri contra el pueblo mapuche



REPRESIÓN, CRIMINALIZACIÓN Y DIFAMACIÓN DE LOS INDÍGENAS 

Los Bullrich (el candidato macrista y su tía Patricia, actual ministra de Seguridad) forman parte de una distinguida familia de la oligarquía argentina, que jugó un papel directo en la Campaña del Desierto, un genocidio perpetrado por el Estado argentino entre 1878 y 1885, cuando arrebató grandes extensiones de territorio a los pueblos mapuche, ranquel y tehuelche. El extractivismo (agropecuarias, petroleras, mineras) es la continuación de la Campaña del Desierto. El pueblo mapuche sigue vivo, no se rinde y recupera tierras, que es la base de su reconstrucción como nación.  Pese a la represión, la criminalización y la difamación, los mapuche están ganando. 

Por Raúl Zibechi 

"Esta es la nueva Campaña del Desierto, pero no con la espada sino con la educación”, dijo Esteban Bullrich, entonces ministro de Educación y Deportes al inaugurar un hospital-escuela en septiembre del año pasado (goo.gl/JxD7Wl). Más allá de la brutalidad de las palabras del actual candidato a senador que compitió con Cristina Fernández en la provincia de Buenos Aires, la frase desnuda lo que piensan los de arriba de los pueblos originarios. La Campaña o Conquista del Desierto fue un genocidio perpetrado por el Estado argentino entre 1878 y 1885, cuando arrebató grandes extensiones de territorio a los pueblos mapuche, ranquel y tehuelche. Los indígenas derrotados por las fuerzas comandadas por Julio Argentino Roca fueron deportados por la fuerza a campos de concentración, exhibidos en museos o trasladados para servir como mano de obra forzada. El objetivo de fondo, ese que no se puede expresar en público pero es la fuerza motriz oscura de las acciones, fue la expropiación de sus territorios para incorporar tierras al mercado y expandir la república en zonas que, antes y ahora, son consideradas como desierto, porque son espacios poco fértiles para la acumulación de capital.

Los Bullrich (el candidato macrista y su tía Patricia, actual ministra de Seguridad) forman parte de una distinguida familia de la oligarquía argentina, que jugó un papel directo en la Campaña del Desierto. El historiador Osvaldo Bayer mostró, con base en documentos de la Sociedad Rural, que entre 1876 y 1903 se otorgaron casi 42 millones de hectáreas a mil 800 familiares y empresarios amigos del presidente Roca. Algunas familias, como la del ex ministro de Economía de la última dictadura, Martínez de Hoz, obtuvieron gratis 2.5 millones de hectáreas. Según un informe de la BBC, una buena parte de esas tierras pertenecen actualmente a Benetton, que posee casi un millón de hectáreas, siendo uno de los principales dueños de la Patagonia, en conflicto permanente con las comunidades mapuche, ya que la multinacional ocupa parte de sus territorios ancestrales (goo.gl/73JZTy). El extractivismo es la continuación de la Campaña del Desierto. Según el periodista Darío Aranda, de los 40 proyectos mineros en estudios (en 2003), se avanzó hasta 800 proyectos (en 2015); de 12 millones de hectáreas con soya transgénica se pasó a 22 millones en el mismo periodo. Amnistía Internacional contabilizó un piso de 250 casos conflictivos, entre los que detectó un punto en común: detrás siempre hay empresas (agropecuarias, petroleras y mineras, entre otras) que actúan en complicidad, por acción u omisión, de los gobiernos (goo.gl/71ckCG).

Los medios hacen un trabajo sucio al vincular a los mapuche a las FARC, a grupos kurdos y a ETA, sin prueba alguna, sólo apoyados en declaraciones del gobernador de Chubut, al servicio del avance de la frontera extractiva. La ministra de Seguridad, Bullrich, dio un paso más al señalar que los mapuches son un problema para la seguridad nacional y acusarlos de terroristas, a la vez que asegura que enarbolan un proyecto secesionista. No vamos a permitir una república autónoma y mapuche en el medio de la Argentina. Esa es la lógica que están planteando, el desconocimiento del Estado argentino, la lógica anarquista, dice quien en los setenta militaba en el entorno de la organización armada Montoneros (goo.gl/yp2hfU).

Detrás de todo este cacareo hay una realidad que es la que realmente molesta: en los últimos 15 años, luego de agotar la instancia administrativa y judicial, el pueblo mapuche recuperó 250 mil hectáreas que estaban en manos de grandes terratenientes, asegura Aranda. O sea, pese a la represión, la criminalización y la difamación, los mapuche están ganando. El conflicto del Estado con la comunidad mapuche Pu Lof en Resistencia, en la localidad de Cushamen, provincia de Chubut, se intensificó en 2015 a raíz de la represión y criminalización de sus líderes. El lonko Facundo Jones Huala, autoridad mapuche de la comunidad, fue detenido el 28 de junio de este año, el mismo día en que se reunieron los presidentes Mauricio Macri y Michelle Bachelet, acusado por los gobiernos de terrorismo, incendios, robos, amenazas e, incluso, haberle declarado la guerra a Chile y Argentina (goo.gl/1khbBy). El primero de agosto efectivos de la Gendarmería Nacional allanaron y quemaron instalaciones de la comunidad. En el marco de la represión desapareció el activista solidario Santiago Maldonado, cuando no pudo cruzar un río junto a sus compañeros perseguidos por los policías. Hasta ahora nada se sabe de su paradero, el gobierno se niega a responder mientras arrecian las marchas y concentraciones exigiendo su aparición con vida.

Hay tres hechos que desesperan a los de arriba y explican la brutalidad represiva. Uno, el pueblo mapuche sigue vivo, no se rinde y recupera tierras, que es la base de su reconstrucción como nación. Dos, la campaña nacional e internacional en su apoyo. Un centenar de organizaciones de pueblos originarios, Amnistía Internacional, el Servicio de Paz y Justicia y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, emitieron un comunicado titulado La lucha indígena no es delito, donde dicen que el Estado privilegia los intereses de las petroleras y criminaliza al pueblo mapuche. Tres, que los mapuche han construido las más diversas organizaciones, entre ellas la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), dedicada a recuperar tierras. Daniel Loncon, integrante de la Cátedra Libre de Pueblos Originarios, dijo que entre los mapuche algunos prefieren la vía diplomática, pero también hemos sido testigos de nuestros abuelos que se han muerto yendo de oficina en oficina buscando la legitimación de sus tierras. El RAM en ese sentido es una expresión del pueblo mapuche cansado de esta injusticia histórica, pero consciente de dónde está el poderío económico que maneja todo esto. Porque la recuperación no se hizo a un vecino, sino a una multinacional (goo.gl/GEqKq9). ¡Marichiweu!


La Violeta del Pueblo cumple 100 años



HACE UN SIGLO NACÍA EN CHILE LA MULTIFACÉTICA VIOLETA PARRA 

Recopiladora, intérprete, compositora, poeta, escritora, ceramista, pintora. A cien años de su nacimiento, su obra se hace cada vez más gigante y su nombre ya es un ícono de Chile. Escritores, periodistas, artistas y políticos chilenos reflexionan sobre su enorme legado. Violeta Parra es la Violeta del Pueblo. 

Por Hernán L. Giardini    

“Hasta los 35 años ella en realidad no era la Violeta Parra que ahora conocemos. Era una cantante más, de boliches; una aspirante a artista. Pero de pronto descubre que hay un folclor en las afueras de la ciudad que se está perdiendo. En ese ejercicio de rescatarlo, seriamente, y traspasarlo, se convierte en una mujer universal. Y eso fue entre los 35 y los 49 años”. Víctor Herrero, periodista.

“¿Era una cantante? Sí. ¿Fue una artista cabal? También. Pero también fue una gran poeta, una gran escritora. Con una prosa sencilla pudo ahondar muy profundo y logró ser pop. Sus letras las conocen todos, incluso los que no la conocen o no la han escuchado. No parecen haber sido escritas o inventadas, porque pareciera que existieron desde siempre. Ha pasado un siglo y está tan viva como a los 17 o capaz que más”. Alberto Fuguet, escritor.

“Toda la música hecha aquí nos ha llegado también como parte de su investigación. Ella fundó una manera de hacer música y, además de su rol de investigadora y recopiladora, aclaró todo un paisaje musical del Chile antepasado. Entonces, es a pleno título, la madre de la música chilena actual. Ella, junto a Patricio Manns y Víctor Jara, creo que están en un pedestal al que ninguno de los compositores posteriores se logra arrimar”. Daniel Cantillana, violinista de Inti Illimani.

“Tengo una admiración total y fundamental por ella, porque ella para mí significa la piedra angular de la identidad musical de Chile. Cuando nosotros nos conocimos con el resto de Los Jaivas, éramos unos niños y nos formamos juntos como músicos, creamos este grupo, y curiosamente en esa época escuchábamos radio. ¿Y qué escuchábamos? Música latinoamericana. Y entre ellos, obviamente, estaba Violeta Parra, que creó una cercanía y admiración. Nos sentíamos, de alguna manera, interpretados por el trabajo de ella, el de búsqueda y creativo también”. Mario Mutis, bajista de Los Jaivas.

“Me encanta ese lado de la obra de Violeta donde se vuelve crónica de su tiempo, el cantor que revela temas que la oficialidad no toca. ¿Por quién supimos primero que Arauco tenía una pena o que el Estado respondía con plomo a los trabajadores? Violeta fue como un mural donde se pintaba un pueblo completamente diferente a la caricatura oficial. Seguidora de esa tradición tan chilena: el genio nacional que surge desde la pobreza y la provincia, capaz de arremolinar y levantar en torno suyo una estructura identitaria desde el polvo, tan a contrapelo con los privilegios. Violeta es un huracán de verdad cruda y seca, alegre, machi, como la encarnación de la madre doliente de un territorio cruel con sus hijos, con sus hermanos, con ella misma. Fuerza de la naturaleza”. Jorge Baradit, escritor.

“Creo que es una mujer inspiradora. Una mujer trabajadora y con una creatividad increíble. Creo que sobre todo su primera etapa, cuando recopila los Cantos Folclóricos Chilenos rescata una tradición e historia principalmente rural que hasta ese momento había quedado en la tradición oral, y que gracias al trabajo de Violeta se convierte en la piedra fundacional de la Nueva Canción Chilena. Es sin duda una de las figuras más importantes de nuestro país y nuestra historia. Una de mis canciones favoritas es La Carta, con sus nueve hermanos comunistas con el favor de Dios”. Camila Vallejo, diputada.

“Violeta Parra está grabada en la memoria de un país que reconoce en su obra un universo donde conviven con la misma fuerza el lamento mapuche y el silencio del desierto de Atacama, la rabia frente a la injusticia y la gratitud de existir, la soledad más profunda y la plenitud del amor. Su melancolía existe en medio de un imaginario fértil, lleno de identidad pero sin fronteras. A través de ella hablan la cordillera y los ríos, y habla también un pueblo entero. Su voz, tan propia, tan suya e inconfundible, fue al mismo tiempo un canto que nos interpretó a todos”. Michelle Bachelet, Presidente de Chile.

“Chile está en deuda con la ética de Violeta Parra. Nada más lejano de su espíritu, de su visión del arte y el ser humano que nuestro Chile consumido por el consumismo, la falta de sencillez, la desmesura. Todo en Violeta tiene raíces en la sabiduría popular de la que nos hemos alejado demasiado. Ella es para mí la expresión máxima de la autenticidad y uno de los males más graves de Chile es su inautenticidad, el querer ser lo que no somos, el desviarnos de nuestro centro, de nuestro ser más profundo. Si escucháramos sus canciones-poemas de verdad, y no como música de fondo o de relleno, este sería un país mejor. Cada uno de sus poemas-canciones son manifiestos, son un pensar que dice más que mil libros de filosofía, son una fuente pura, un manantial donde ojalá vayan a beber todos los que tienen sed de verdad, justicia, belleza”. Cristián Warnken Lihn, escritor.